Trémulas y húmedas estrellas que se encienden en nuestro pecho
El piano, con los acordes de Paul Schwartz, arranca como unos latidos, como un pulso que hondo de penar, de tristeza, de necesidad, ahueca sus manos para recibir la voz caricia alma de Lisbeth Scott quien como un salmo, como un tañido que quiere ser manos, caricia, susurro, olas en movimiento, desgrana con sus caricias las notas que desde su dolor, sin embargo, sonríen, besan, almean... La voz,a medida que avanza la canción, desde su grito hondo, se rebela, no sabe, no quiere saber de mañanas, sólo llora, sólo se quiebra por la pérdida, por las sonrisas que ya no están, por las palabras que no se volverán a oír más, de brazos que no nos llenarán más, no sabe, por mucho que las palabras repitan machaconamente el salmo, de un papá bueno que nos deja solos sin la presencia de los que amamos... El piano enciende d...