Lo que me queda por vivir, Elvira Lindo
Me encanta la voz de este relato, una voz que deambula entre las calles de Madrid y el pueblo de sus padres y su infancia, una voz que nos narra la historia de Antonia, que durante los años ochenta se separa de su marido teniendo que cuidar a su hijo sola, una voz que adueñándose de las voces femeninas de los sesenta, Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, expresa las retahilas (gracias, Carmen Martín Gaite) de la memoria, una voz, la de Elvira Lindo, que ha evolucionado desde nuestro simpático Manolito Gafotas hasta esta obra, pasando por El otro barrio (narrativa para adolescentes pero que ya anunciaba este cambio de registro)..., una voz que se quiebra en constantes flashbacks o viajes en el tiempo al pasado, reflejando el naufragio de Antonia durante estos años, cual Ulises que debiera superar nuevas pruebas para volver a Ítaca, una voz que se hace carne cuando narra las vivencias afectivas con su hijo, Gabi, única ancla a la que agarra...