Hoy quiero nombrarte, candil, Mientras me desprendo uno a uno de mis compañeros de viaje. Ellos –tú lo sabes bien- son los globos De mis bolsillos; su nombre, la savia de estos versos. Recientes aún las sonoras carcajadas Del público a causa de mis piruetas en la cuerda floja, Deslizo hacia el suelo mis zapatos blancos Y contemplo, por un instante, al trasluz de tu llama, Cuantos circos, grandes y pequeños, Han visitado estos pies. Aflojo, la llama prendiendo Perezosa y a sobresaltos en ti, los rojos tirantes Que han conducido, a menudo, El deambular coqueto y risueño de mis pantalones bombachos. La bufanda, el paraguas y los guantes De viajero ocasional se confunden en la comparsa de objetos Que completan ridículas mis prendas interiores. Desnudo ya ante ti, aceite renovado En esta despensa de emociones, pulsas en mí Cual trémula llama, cual pálpito escondido, Las palabras de este salmo Y tañes, sin que pueda evitarlo, La sonrisa de payaso. Quiero advertir que es un poema ya pu...
Hola Pruden, una maravilla lo que has escrito.Besos inmensos de luz y paz.
ResponderEliminarUna música preciosa. Me apetece contarte que con mis hijos (10 y 17 años), jugamos a silbar música clásica, la gracia está en adivinar el Nombre o el compositor.
ResponderEliminarmi abrazo, me quedo escuchando
Amigo Pruden:
ResponderEliminarNos regalas con tus letras paz, armonía, belleza, que nos llegan a nuestra alma de la misma manera que tú las transmites al compás de esa música que acaricia nuestra alma.
Gracias, Pruden, por seguir estando por aquí.
Un beso.