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Mostrando entradas de octubre, 2013

La salmodia de Chang Cheng

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Crepúsculo engalanado de gaviotas…

     El cielo
hiere con dedos de sol las láminas plateadas de Chang Cheng,
trenzándose alborada
en el paso de Shansay
y recostándose
añil y magenta
en el paso de Jiayu
donde se elevan perezosos los gritos
de gaviotas…
Trenza
lazos de eternidad
en cada beso de aplicados y sacrificados constructores y albañiles,
en cada latido de piedra y de tierra apisonada
en cada armoniosa unión o heqin de las princesas chinas
con los nómadas Xiognu,
en cada verso y pintura entretejida con las heridas del sol
sobre la muralla…

      Ayes y heridas de soldados
de diferentes dinastías,
Qin, Han y Ming,
contra los nómadas de Manchuria y Mongolia
son gritos moribundos que teje el cello
en sus paredes;
cada latido de piano,
cada pizicatto
con rosas rojas
que se abren en sus lorigas
y escudos, ayayyay...
son salmodia
acordes,
relatos de sus vidas
de sus hazañas
de sus trabajos en el campo
bajo ponientes sonrosados
desde el río Yalu
hasta el desierto de Gobi;
Versos que se elevan a Confucio y Tao
y que…

Campánulas de luz en nuestro jardín olvidado…

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Blue Horizon

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Lazos de añil y magenta, 
hebras de ayes de violín
hebras de heridas en nuestras almitas,
seamos luz
seamos pequeñas candilejas
con que indicar el camino...

    Lazos de añil y magenta,
heridas solsticio,
de ayes de guitarra,
de alma encendida
de juglar y poeta
seamos acordes
con que expresar que la posada de nuestro corazón
está libre...

     Lazos de añil y magenta,
hebras de sonrisas
de trenzas de alboradas y ponientes
seamos pétalos de ternura
con que imprimir
en las huellas de tu nostalgia
de tu ausencia
de tu soledad
pequeñas cometas a las estrellas
donde prender nuestros juegos
nuestras carreras locuelas
nuestros besos de niños
siempre de niños.

Versos de luz del Sembrador de camino en nuestras manos heridas...

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Plegaria...
Vals de sonrisas de piano...
Sonrisas que alborozan las copas de los árboles...

    Pequeñas alas de luz,
voz aaaalmaaaaaa...
En sus alas
en sus manos nos recogemos,
nos prendemos...
En sus alas, elevamos nuestra propia plegaria...
En sus dulces manos arropamos estos bracicos
estos ojos
estas manos
que encienden
los candiles de nuestras heridas,
de nuestras caídas,
de nuestras dudas,
para volver a subirnos,
para volver a abrir los ojos a nuestras almitas buenas, a su luz,
a esa candileja que nunca nunca se apaga
porque no puede apagarse...

     Es en este mar, en esta alborada,en este amanecer...
cuando el Sembrador de caminos,
sirviéndose de estos acordes,
de esta nana, de estos arrullos,
vuelve
vuelve a dirigirse a nosotros,
para tendiéndonos las manos...
volver a pronunciar estas sonrisas de piano
esta luz
esta voz almaaaaa
no una
no ciento
no miles
si no ciento de miles,
y volver a decirnos:
a ti, a ti, a ti, y a mí por supuesto que sí, a mí...

te conozco
te quiero
cuantas cuántas veces tendré q…

Pequeños trazos en la nieve…

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Pies de agua…

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Nana de una estrella con trenzas doradas...

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