En Tus sandalias...


latidos
hienden la mar de Judea...
pies de apóstol
vuelven
a hundirse
pétalos de naufragio
en el agua...

Sembrador de caminos, transitas,
sonrisa desmañada
y serena con que trenzan su luz
los ruiseñores de pinares
y olivares,
por las heridas
que me tienen varado, y...

acorde a acorde,
pulsas
sístoles y diástoles
que pierden pie
en las aguas
sin saber
sin ser consciente
de que en el agua
lates, primavereas y vuelves a asirme de las manos...

pulsas
mirada castaña
con esa herida de luz
de amor
de niño castañuelas también en tus ojos
a mi niño interior pataletas
y lo abrazas lo besas no una
no ciento no miles si no ciento de miles...

pulsas,
Tus manos
heridas de tanto amar
creer
y morirte y resucitarnos una y otra vez,
al adulto
que se desangra que se remece en la noche
que payaso cuelga sus sonrisas en el alma, ayayyay,
para descubrir, no obstante,
cómo,
ahí, en el agua,
Tú vuelves a nombrarle, a sonreírle como Tú sólo sabes
hacer
y a cogerle de las manos...
"Vamos, Prudencito, sólo es una caída,
¿a qué esperas?"

Y el poniente sonrosado
enciende pétalos de candilejas en el agua
en el remanso y olivares de Judea
mientras tu voz acompaña serena y arrullo
a Pedro: "algún día, algún día llevarás mi cayado, mi querido Simón"
y las reses parecen dormitar a las estrellas
con sus balidos y Tus sandalias
de pescador
vuelven a hollar el agua...

De Pruden Tercero Nieto, 28 de noviembre de 2014

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