Acordes con que tú guitarra prendes plegarias de vida al Papá bueno...




Trenza
de latidos,
mi dulce guitarra,
donde te acurrucas en los brazos de la noche;
en las caricias que nos entregas,
maullido, ladrido y gañido
de seres vivos, día a día...;
en ese niño que corre
con trémulas estrellas en sus zefiros de atardeceres...

Ángel de luz...
Melodía de nanas...
de regazos
donde niños nos meces
y nuestros bracitos
se hacen mar
se hacen balandros...
Te desnudas,
caricia de tus cabellos,
de cada ausencia de entrega
y amor
entretejiendo
con tus sístoles y diástoles
nuevas prendas,
cometas
de luz y primavera,
en las campiñas manchegas
donde sestean nuestros sueños
y latidos...

Sonrisa de almitas buenas
en cada cabello
de tu alma,
donde cantas nanas a la luna
acunada en sus haldas blancas...
donde bisbiseas
cada trenza de amapolas de heridas
en nuestros rostros;
donde trenzas acordes
y melodías
que nos enlazan, mariposas de luz,
de la cintura
en un eterno vals
que es hogar
que es doble latido...

Lullaby,
nos acaricias,
alma inquieta
y eterna,
al adormecerse
heridas y sonrisas
entre tus gañidos...

De Pruden Tercero Nieto, abril de 2014

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