Primavera, por fin, en nuestras almitas buenas

    


       Tus ojos tienen la claridad del amanecer, mi María amada...
Tus labios tienen la sonrisa que besa dulce mis ojos de niño,
no una, no ciento, no miles, si no ciento de miles...
Tu piel no tiene la ingravidez de lo pasajero si no la calidez
y la llama del hogar, del regazo, del milagro de la vida...

     Tus lágrimas, mi niña con alma, mi luciérnaga blanca,
 son esos puentes que el Papá bueno
cinceló armónicamente para que pudiéramos encontrar el camino de regreso
a la almita del otro;
tus lágrimas son esos milagros de azúcar y de paz
con que Mamá Naturaleza siempre acunó dulce
tus heridas, mi Mariita, con que la Mamaíta buena
sonreía y latía en tus ojitos buenos...

      Tus manos, ayayyayaya, tus manos de paloma azorada
venían, como el bueno de Pablo Neruda compartió,
en alas del tiempo, venían
en alas de esa unión que hace muuuuuuchoooooooo tiempo el Papá bueno
besó con ansia... donde tus ojitos y mis ojitos
ya se besaban dulces
donde tus manos y las mías
se reconocían se tantaleaban
donde tus manos y las mías
aprendieron a amarse
hasta que con el tiempo un día, un día
tú y yo ya adultos
nos reconociéramos
nos besáramos
floreciéramos y fuéramos primavera.
 
      Tu piel, mi María, tu cabello húmedo,
tu rostro encendido de amor
tu sonrisa cálida, tierna
tu sonrisa tímida
tus ojillos coquetos
titilando en las orillas de tus párpados
pulsando la piel de tus párpados para sentir alma
la llamita buena de mis labios.
Tu piel y la mía danza, melodía,
sonrisas, instrumentos
que el Papá bueno modeló
para que tu almita y la mía
sólo tu almita y la mía
encendieran, interpretaran,
sonrieran, primaveraban...

      María y Pruden, Pruden y María,
versos pronunciados hace mucho por aedos
melodías que Mamá Naturaleza encendiera
en los primeros bracitos del ser humano
llamitas dulces que la Mamaíta buena
acunara y besara dulce
hiciera cuna
regazo
sonrisa
a la espera
de su encuentro, de su abrazo
de su pequeño milagro de palabras
melodías y
en las manos de la Virgen, Milagrosa Nuestra
Milagrosa
el regalo encendido,
la dulzura de nuestra mamaíta buena
besándonos con ansia y con ternura en sus palabras
esperad, esperad,
mis almitas,
mis almitas buenas,
un día encenderé en vuestro corazón
un candileja para que
vuestras almitas se reconozcan,
se besen, se sueñen, se florezcan...
y Pruden sea candil de amor para María
y María esa mar de amor para Pruden....

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