El cuento de la pricesa y de un nacimiento

          Llenos de acordes, llenos de esas melodías que consiguen hacer cosquillas a la noche, que llaman a la puerta de las almitas más frías, que trenzan sábanas de ternura y de manos maternales entre nuestros pechos, entre nuestros ojos, entre nuestras sonrisas y nuestros labios... Se desarrollan estas pequeñas palabras pero humildes, muuuuuuuuu humildes donde una almita trémula de frío, trémula de dolor y sufrimiento sollozaba, temblaba, y se encogía como una pequeña flor antes de despedirse y quedar recogida desmayada en el suelo.
        Su almita había nacido para llegar muuuuuuuuuuu alto, su almita había nacido para alcanzar los máximos galardones, las máximas leyendas sociales...sisisiisis... Princesa, de gran belleza, y con un cabello lleno de sortijas morenas donde sus ojos castaños eran esas cordilleras que prendían en el corazón de los que miraban por primera vez en ellos una gran alma, una gran calidez... La educación que había recibido por parte de sus padres, la posibilidad de hablar en incontables idiomas, la educación en varias suertes sociales la convertían en la más deseable de las princesas casaderas, sisisiisisi....
      
     Así los padres ya le habían encontrado un príncipe de las altas cordilleras para casarse y así alzar aún más de rango... La belleza y porte de dicho príncipe era tal que. uffff. creo que todos nos habríamos enamorado un poco síisisiisisis...
           Una noche de diciembre ya hace.... uffffffff.... llamaron a la puerta de su casa una pareja montados en un asno, ella morena, con los ojos aunque cansados llenos de bondad, ella no pudo evitar mirar cómmo en su tierno regazo latía ya la pequeña vida deseosa de nacer; él ,tierno, protector, preocupado, con el cayado apoyado en tierra pero de corazón noble... Ella asistió a cómo la sirvienta les decía que no, que no podían quedarse, que era casa de la nobleza... Vio cómo ambos con los ojos llenos cansancio pero de humildad se despedían e reanudaban su paso en aquella noche, en aquel poniente de frío, heladas y oscuridad...
           No supo, mis queridos confidentes, no supo por qué en esos instantes decidió seguirles, decidió abrir en su pecho un sendero que habría de cambiarle la vida...
Los primeros copos de nieve se arremolinaban ramoneando cada rincón, cada prenda que los envolvía, la túnica que la cubría a ella, llena de tierra del camino, la shilaba que caía serena sobre el cayado del varón... No sabía, no podía saber cómo la postal se quedaría en su alma, cada instante, en cada melodía que palabras, emociones, recuerdos traería cada momento del futuro... cada relación, cada conversación, cada latido que había florecido en ella...
        
  Acostumbrada al fogón del hogar de su palacio, de su hogar, había comenzado a sentir el frío, la gelidez, la dura estación de invierno en su Belén querido... había traído a su memoria en retazos, en pequeños fragmentos, recuerdos de su niñez, recuerdos de su madre, su humildad, la delicadeza con que su madre, regazo dulce, envolvía con sus brazos a su hermano y a él, su hermano recién nacido, sus pequeños ojos nacidos a la luz, sus pequeñas manos nacidas a la generosidad de los abrazos, su rostro donde se pintaría cada momento, cada instante, cada rostro, cada regalo con que la vida depararía...
         Los pasos de la pareja con el asno con los pocos bienes que habían podido echar en él, como ella podría adivinar, el sustento para alimentarles el trayecto que durara y unas pocas prendas para que María pudiese cambiarse, ella había podido oír a pesar de la distancia el nombre su nombre que en su almita había sonado Miriam, ayayyayay, las manos del hombre sosteniendo a María que frías se mantenían firmes sobre su regazo... Su corazón sufrió un vuelco, rescoldo a la espera de un tronco que prender su hogar, cuando se acercaron a unos pastores quienes unas palabras después les señalaban un pesebre donde poder hospedarse...
           Así su alma volvía con aquella sombra de calor por un lado pero de frío aún más por la realidad gélida que les llenaba, que la encogía sobrecogiéndola de nieve y encogimiento y de una fiebre que la comenzaba a encoger el almaaaaa... Así despidió de ella y de su madre con un llanto apagado que dejó a sus miembros apagados en una lenta despedida cuyos bracitos se despedían hasta que un día, allá lejos, esos brazos volvieran a encontrarse, ssisiisisiisis...
           El pesebre, como una dulce melodía, como la combinación de instrumentos que ella de pequeña se había acostumbrado a ver: el dulce y sereno vals del laúd, la grata y transportante voz de la gaita, la nostalgia encendida del pequeño clavicello; se había orquestado para acoger ese grito, ese poniente sonrosado, ese amanecer, esa melodía al encuentro de sus ojos... al nacimiento de aquel niño tan precioso, aquel niño tan hermoso en su desnudez, en su pobreza...
        
    Sus pasos, pues, se dirigieron a su encuentro, a su cuna improvisada de paja donde padre y madre descansaban y dormitaban.. Miró aquel niño y de pronto los ojos y bracitos de su hermano se representaron en sus ojos, de pronto el contacto con la piel del niño le hizo saber cómo debía actuar.... Entregó sus mantos reales al padre y a la madre sin intercambiar palabra, entregó sus pequeños guantes para dar calor a las manitas de aquel niño; se desprendió de sus botines para que los pies del niño no sufrieran heridas...
            Cuentan las leyendas orales que la princesa nunca más volvió, hay leyendas que los pastores cuentan que dicen que la encontraron muerta cerca de un arroyo con una sonrisa en sus ojos y con las manos acunando a un bebé invisible y hay otras leyendas que cuentan, si bien no aparece en ningún sitio, que dejó el palacio para educar a ese niño tan especial, tan hondo, tan hermoso...

Comentarios

  1. Hola Pruden, como siempre nos llenas de magia con tus bellísimas explicaciones y canciones. Espero que estés bien y que pases una muy feliz navidad. Un abrazo :)

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