Trenzando mi almita a tus manos





Tomar tu mano…
Recorrer...
pulsar las yemas de tu piel, donde late
cada centimetro de dulzura, de mirá niña
de esa alma que interiorizada
se contempla en el retrato mujer de su vida...

Tomar tu mano...
correr convertido en Prudencito,
desplegar pequeños relatos
donde tú, niña, tú, castañuelas,
soñadora,
voz que se llena de lluvia,
de pequeños triños...
me tomas de la mano,
te  miras en el espejo de los ojos
de la mujer, de tu mirada
María, mi María...

Tomar tu mano...
encender cada farola de aquellos que nos rodean...
En los ojos cuyas lágrimas
se hacen a la mar en veleros de ternuras.
En los labios cuyas pinceladas sin sonrisas,
yermas de ternuras renacen
pétalos que unos niños besan
con  inocencia e ingenuidad ayayyaay.
En la  piel que solitaria
se encardina en almas que han aprendido
a encender luminarias
en una noches lluviosa de marzo como esta, sisiisis


Tomar tu mano...
Dormir mis versos
en tu regazo de amapola
de tierra húmeda y generosa,
alborotar tu cabello suave
que prende en mi pecho nuevos latidos
nuevas auroras nuevas callejas por donde se cuela
el payaso de tu mano, sisiisis
y tomando tu mano
ser luz
ser esas boyas
por donde mi Prudencito se adormece
en tu pecho, por donde
ese niño que da pataletas
y al que aún le cuesta recordar, aayyayaya,
ya en su alma, en su almita buena,
bebe, sueña y sonríe con tu alma
descansando sus alas en las tuyas, sisiisis

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