Los ojos de niño del pueblo congoleño

         Hoy, los ojos, los ojos de niño se han vuelto a abrir a esa dura y cruda realidad que es África y que tanto tira de mi corazon (lamento que hasta ahora le haya puesto tantos reparos). Hoy, mis ojos, mis ojos de niño, se han vuelto a rendir a los ojos, a la realidad del pueblo congolés. Se han rendido porque, no importan las guerras, no importa que sus cuerpos estén masacrados literalmente por el hambre, no importa que sus mujeres hayan sido violadas una y otra vez, no importa que no tengan los medicamentos adecuados para hacer frente a las enfermedades, no importa que sean los olvidados del mundo (¿cuántos sabemos de su realidad?), acercaros, mirar sus ojos, cuánto deseo de vivir, cuánto deseo de aprehender cada momento de felicidad, cuánto deseo de tender puentes, cuánto deseo de aprovechar cada alimento de la naturaleza...
        A ver, uno no es iluso y sabe la realidad que hay también, la guerra, la brutalidad, los intereses, pero si miramos una a una las caras del pueblo congolés aprenderás que sus ojos sólo saben de agradecimiento a la vida, de expresar y recibir ternura, de amar y ser amados, de expresar con todo el cuerpo y, los ojos, claro, los ojos cada momento de vida, cada oportunidad que la naturaleza les da de vivir. Sí, hoy mis ojos se han rendido...

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