La canción de las estrellas (séptima parte)

         11.- El bosque de los Golezdraiel

     

        ¡Ummmmmmmmmm…! Potrillo inquieto, me gustaría ser capaz, si este humilde narrador es capaz, de describir con la vivacidad de un juglar y al mismo tiempo el alma de un aedo, la llegada de los cinco jinetes al bosque de los Golezdraiel. Me gustaría detenerme en cómo tuvieron que abandonar sus cabalgaduras, a pesar de las quejas de nuestro dolorido grandullón... Me gustaría… pero, ¡espera!
        Una compañía de veinte orcos, a cada cual más desagradable y violento -te lo aseguro-  apareció de repente con sus grandes hachas y escudos. Thanaiel gritó jubiloso al encontrar por fin a gente de su tamaño y se dirigió a ellos consiguiendo derribar a dos de los monstruosos contrincantes. Gwendil y Galaz, con muchos años de combate juntos, rodearon a cinco de ellos haciendo aparecer misteriosamente una red con que consiguieron atraparlos a pesar de sus furibundas palabras… El rey Mithrain quien hacía mucho tiempo no había participado en ninguna batalla sacó con valor su espada haciendo frente a tres de los fieros atacantes y cuando fue a descargar su filo contra el rocoso cuello de uno de ellos…
        -Mithradaelita, ¡alto! -Ummmmm, me gustaría, cariño, describirte su semejanza con el canto de los ruiseñores, con el arrullo de las alondras, con el suave desperezarse del río…-
        La recién llegada, con la cabeza cubierta por una capucha,  se arrodilló ágilmente en el suelo cogiendo tierra sobre la que realizó un juramento y, acto seguido, sopló sobre la tierra que alcanzó a todos los orcos dejándolos, ante los ojos atónitos de nuestros guerreros, dormidos…
        -¡Rápido, guerreros, debéis seguirme, la situación es peor de lo que pensábamos cuando los orcos pueden entrar fácilmente en este bosque sagrado!
        Los pasos de la mujer los dirigió por entre el bosque de los Golezdraiel llenando a nuestra comitiva, los caballos de la mano,  aún más de admiración: los árboles, en ese amanecer que llegaron, parecían oponer sus frondosas hojas al sol para evitar que su calor despertara a las crías de pájaros que habitaba en sus ramas, las malezas parecían abrir sus arbustos a los ciervos que escapaban desesperados del ataque de un depredador… Ya sería el atardecer, cuando llegaron a un arroyo que comenzaba a remansar su latido refrescando a cuanto ser vivo se acercara a él… Fue curioso cómo nuestros valientes guerreros sintieron que su alma asimismo parecía participar de esa naturaleza que les rodeaba.
        La mujer se volvió a ellos quitándose la capucha: de una belleza alma, de un cabello blanco como el de Adraiel, de una ternura en el rostro que parecía cantar el remanso del río al atardecer, de unos ojos grises y al mismo tiempo cálidos como en la vida hubieran visto pareció desnudar el alma de cada uno de ellos… Thanaiel veía en sus ojos al niño que perdió a su madre de pequeño pero que en cada acción, en cada crueldad con que fue afrentado fue el alma de su madre el que le dio el valor; nuestro buen Gwendil parecía verse en un arroyo muy parecido a este desnudando sus versos a una joven; Galaz veía desnudarse su alma en la dureza de su vida cuando el rey lo expulsó de palacio; Zendraiel descubrió en sus ojos el amor imposible a Galadriel, al haber abandonado hace tiempo Elfitrón…, Y nuestro rey, pequeña, Mithrain, no se vio a sí mismo si no reconoció en esos ojos la mirada de…
        -Bienvenidos, caballeros y disculpad mi informalidad, pero la urgencia de nuestra misión requiere la mayor celeridad posible… Acompañadme, por favor.
        La noche había comenzado a pintar de luces y estrellas los trajes y las miradas de nuestros protagonistas, cuando cruzaron el arroyo. En el mismo momento que su piel tocó el agua, se aliviaron sus necesidades y sus precauciones y la voz del río se sumó a la de Irwin, que así descubrieron que se llamaba la mujer que los había acogido, al mismo tiempo que nuevos lugareños se sumaron a la comitiva. Sí, cariño, fue esta voz, ummmmmmmmmm, tan parecida a la que nuestro Lez escuchara cuando fue empujado por la elfa Talita al río Elfritón, la que les contó la historia de Seledriel y Golezdriel, reconociendo igual que tú, cariño, en Seledriel a la pérfida Selene…
        Una vez hubieron cruzado el arroyo en la orilla descubrieron el cuerpo de… Sí, cariño, de Golezdraiel… Ya te conté cómo fue la misma naturaleza, tierra, seres vivos quienes acudieron en su ayuda al ser hechizada… Y la verdad es que la mujer con que se encontraron, al parecer profundamente dormida, no había perdido en nada parte de la belleza honda y calidez con que conmovió a todos y cada uno de los seres vivos… El mismo Gwendil se sorpendió de su parecido con la mujer que los acompañaba, Irwin.
        Irwin pareció leer los pensamientos del buen Gwendil, aunque de pronto se dirigió al rey Mithrain…
        -¡Cómo, cómo has permitido, arrogante, ciego, permitir que la sobrina nieta de Selene caiga en sus manos! ¿No ves que es la perdición de todo lo que conocemos hasta ahora? ¿no te das cuenta de que si Selene da por fin rienda suelta a su deseo tomando la vida del hijo de Adraiel el reinado de la noche habrá llegado a la tierra? –Sus ojos, no obstante, recuperaron la tranquilidad- Sí, Mithradaelita, como ya has adivinado anteriormente, soy la madre de Magdaiel, tu mujer… Voy a contarte una historia, anciano, mi madre Gea, presa de una inmensa tristeza al perder de repente a sus dos hijas, Seledriel y Galazdriel, perdió toda ilusión… La madre naturaleza, Gea,, una vez que vino a este arroyo a llorar a Golezdriel, quedó dormida… Al despertarse sintió que una nueva vida recorría su vientre… Fue así que nací yo… A la muerte de mi madre,  Selene, pues, buscaba vengarse y ganar aún más poder sobre la tierra… Al enterarse de que nuestra madre había tenido herederos los buscó sin éxito en Golezdraiel, ya que no tenía suficiente poder, pero sin ella saberlo ha hechizado a tu hija, haciendo que dé a luz, lo que no sabe es que si llega a tomar la vida de ese bebé…
       -Zendraiel, reconozco en ti la sabia élfica, os he hablado antes de la historia de mis dos hermanas en la que las lágrimas de Seledriel curaban a su hermana… Es preciso que de la manera que sea posible os hagáis con las lágrimas de Selene, sólo con ellas podréis devolver la vida a Golezdraiel, sólo así tendremos una oportunidad contra Selene.
        Como ves, cariño, los relatos de las estrellas se hacen del material de los sueños, de los seres vivos y de los seres humanos capaces de sonreír, de amar, de compartir… Sólo así podremos comprender la inmensa tarea que deparaba a nuestros guerreros, pero, ummmmmmm, ¿no dejamos a nuestro querido Lez con la elfa Talita? Creo que va siendo hora de que volvamos a él, ¿no?


   12.- Lezraien embarca hacia Cracoa





       Una estrella fugaz, pequeña, es un trazo rápido en el cielo a los ojos de un ser humano; sin embargo, comprenderás la angustia que acompaña a un elfo cuando la contempla. -¿Recuerdas, mi pequeña elfa, donde lo habíamos dejado?- Lezraien había escuchado serenamente la historia que la Peregrina le contara y nunca podría olvidar ese grito que parecía ocultarse en la serenidad azulada de sus ojos.

       -Joven Lezraíada, debes irte. Continúa el lecho del río hasta que encuentres una barca que...

       -Pero, Talita... ¿Tú no me acompañarás?

       -En esta historia mi papel es de Peregrina. No olvides la canción. Yo sólo estoy aquí para comunicarte con tu libertad.

       -Pero, -objetó una vez más- ¿cómo voy a conseguirlo solo?

       -¡Chsss...! No hables. Arriba encontrarás una barca construida por los elfos carpinteros a base de juncos que, durante milenios, se acercaron al río para beber de sus aguas. Debes cruzar, más al norte, el puente de las mil voces, donde sólo deberás seguir una voz. Si te equivocas, ten por seguro que morirás. Es la única manera de eludir la presencia de las gigantes Esquila y Caribdis y poder acceder a la isla Cracoa. Ya en la isla recogerás una lanza de punta redondeada que se encuentra bajo las redes en la barca. Si no llegas antes del anochecer deberás esperar a que llegue la noche, ya que este arma sólo recibe el poder de las estrellas nocturnas. Mas no te detengas más, en la isla te esperan hechiceros, guardianes y el mismo príncipe Critón.

       Lo que no le dijo conscientemente Talita fue que también le podía esperar la reina Selene. Sabía que la comitiva del rey estaba en marcha pero no sabía si sería suficiente para detener la maldad de la reina.

      El sol iniciaba su retirada cuando Lezraien se embarcaba al mar con muchos pensamientos latiéndole dolorosamente. Cómo podría enfrentarse contra los peligros que se avecinaban y cómo cumpliría la promesa que realizó a Galadriel que, como bien supondrás, no era sino el nombre de la princesa elfa que se dio a conocer a nuestro Lez como la elfa Talita, la Peregrina.

     (Continuará, naturalmente)
       
       
       

Comentarios

  1. Hola amigo Pruden que bella leyenda es muy mágico tu blog me encanta leerte pero por mi tiempo me es muy difícil llegar a tiempo ya ves estoy muy atrasada, jajaja pero he llegado hasta aquí precioso escrito y como veo continuara y ojala no me pierda el próximo capitulo.
    Besos y un gran abrazo y ya estas en mi corazón mil gracias por tus palabras.

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  2. Ooooleeeeeeee, encantado, Gladys,de tenerte por aquí, me encanta la nobleza y bondad que emanan de tus escritos y me encanta que decidas auparte un poquito a estas olas, claro que continuará y en breve, besosssssss

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  3. Holaaaa!!!! Anda te han dado un premio por tu creatividad!!!! ¡¡¡Me gusta!!! ¡¡¡Enhorabuena!!!! Me ha gustado el relato, pero ¡¡¡quiero ya el final!!! ;-) Besoss

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  4. Buenas, tita Merche, qué gusto da verte por aquíiiiiiii... No te preocupes, mi arma, que pronto verás el final, cuenta con él. Besotes, ah, no olvido lo prometido

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