Sin imágenes, pero dulce, seductor, lleno de latidos que comienzan serenos con los primeros acordes de piano y que, como en la vida y en el amor, ganan en complejidad, en riqueza. Escuchadla tranquilamente, os advierto, es extensa, pero cómo llenan el alma los distintos estados emocionales que la compositora e intérprete Jennifer Thomas desgrana uno a uno a lo largo de la pieza. OOOOOOOOOOLEEEEEEEE

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